Algo sobre las especies clave

Rodrigo Soto Moreno

nutrias

Resulta muy fácil engancharse con los libros de Steven Johnson, no solamente por la capacidad explicativa del autor, sino por los reiterados ejemplos que ofrece al comparar la ingeniería artificial con la ingeniería biológica. El objetivo de esto es recordarnos, primero, la excelsa sabiduría de la naturaleza y por otro lado el conocimiento que hemos adquirido, al replicar el comportamiento de la biología con la vida que hemos creado artificialmente.

Derivado de esto, recuerdo haber leído en: “Emergence: The Connected Lives of Ants, Brains, Cities, and Software”, del mismo autor; sobre el lenguaje de programación basado en multi-agentes, para modelar ambientes determinados, denominado: NetLogo y elaborado por Uri Wilensky, dentro de la Universidad de Northwestern. En resumidas cuentas, este programa es capaz de simular fenómenos naturales y sociales, con la obvia afectación del tiempo.

En este sentido, me permití investigar un poco más acerca de este lenguaje de cómputo y encontré su sitio web, donde se puede observar el comportamiento de algunos modelos que imitan la realidad, como por ejemplo el caso de la simulación entre lobos, ovejas y pasto, denominada: Wolf Sheep Predation.

El punto central de esta librería interactiva es mostrarnos, en primer lugar, un estado de equilibrio entre las variables involucradas, es decir, un punto en donde el número de lobos, ovejas y pasto, resulta óptimo para que el sistema no colapse. Sin embargo, al jugar con los factores y propiciar el caos destructivo, logramos observar que si elevamos considerablemente la cantidad de lobos, sobre la de ovejas, obtenemos que los primeros terminarán por colapsarse ante la falta de comida. De igual forma sucede si limitamos la cantidad de pasto para ser ingerido por las ovejas o disminuimos la cantidad de lobos para alimentarse y controlar el crecimiento de las ovejas; lesionando la simbiosis entre especies.

Valga esta explicación para hablar sobre las especies clave, definidas por Wikipedia, como aquellas que producen un efecto desproporcionado sobre su medio ambiente en relación con su abundancia. Pero para tener una idea más clara al respecto, me gustaría ofrecer un ejemplo muy interesante. Para ello, voy a recurrir al escrito de Brian Walker, titulado: “Resilience Thinking” y publicado en People and Place, en donde se habla de lo dicho por Edward O. Wilson, reconocido investigador en materia de biología, quien piensa que la especie clave más potente, puede ser la nutria marina.

De acuerdo al escrito de Walker, las nutrias marinas que viven en las aguas de Baja California y al norte de Japón, comúnmente se alimentan de los erizos de mar. Durante los siglos pasados, estos mamíferos marinos fueron cazados ferozmente, por la valía de su pelaje, llevándolos al borde de la extinción; derivando también en que los erizos crecieran desproporcionadamente y se alimentarán, en mayor medida y frecuencia, de las algas; dejando así poco refugio para los peces, quienes también declinaron en cantidad; afectando a la población de focas de ese medio ambiente en particular.

Lo anterior, según Brian Walker, ejemplifica no solamente la importante relación entre las especies, de forma directa o indirecta, sino también los límites necesarios para que un sistema ecológico permanezca en equilibro, pues cuando se cruza cierto umbral, la relación simbiótica entre especies se comporta de diferente manera, acercándolas al colapso. Es decir, en términos simples, las nutrias controlan el crecimiento de los erizos, y en una especie de efecto domino, también influye en la cantidad de algas, que provean refugio a los peces y se traslada hasta el número de focas alimentándose tranquilamente, en un aparente círculo virtuoso donde la naturaleza utiliza todo y nunca desperdicia nada.

Sin embargo no debemos olvidar el papel de los seres humanos en esta historia, pues el declive de las nutrias marinas, estuvo directamente relacionado con la caza excesiva del hombre sobre esta especie clave. Por ello, Walker, nos remarca que los sistemas ecológicos están inextricablemente ligados con los sistemas sociales e incluso, este autor, se embarca a afirmar que toda la vida existe y se vincula dentro de un sistema socio-ecológico; por tanto, un cambio en la parte social tiene un impacto en la ecológica y viceversa

La clave, volviendo con Brian Walker, es analizar los ciclos adaptativos, definiendo estos como modelos recurrentes con las siguientes características: crecimiento rápido, conservación, colapso y reorganización; en donde los recursos naturales se deben manejar incorporando la complejidad de los sistemas humanos y los naturales. Es decir, nuestro andar evolutivo como especie, tiene influencias directas, positivas y negativas, sobre la continuidad de los ecosistemas biológicos.

El propósito entonces de estos ciclos adaptativos, desde mi perspectiva, es crear resiliencia en los sistemas descritos, así como en las especies que los conforman con sus interacciones. Por ello nuestro constante choque con las inclemencias del medio ambiente natural, como los ciclones, huracanes, terremotos, entre otras catástrofes, así como los golpes recibidos con el medio ambiente artificial, visto como las relaciones sociales, económicas, culturales, tecnológicas, entre otras; no nos debilitan sino, parafraseando a Nietzsche, nos fortalecen y aquellos que podemos sobreponernos al fracaso, es muy probable que logremos erigirnos como piezas clave en el rompecabezas de la vida.

Trasladando esto al mundo biológico, incluyendo a todos los demás seres vivos, es correcto pensar que aquellas especies que mutan, como lo hicimos nosotros, y mejor se adaptan al cambiante medioambiente, son las que prevalecerán. Pero en nuestro caso particular, tenemos especial influencia sobre muchas otras especies que cohabitan el planeta y es nuestra tarea procurarlas, a todas y cada una ellas, pero sobre todo poniendo especial atención en las que son clave, e influyen en el buen desempeño y equilibrio de un determinado ecosistema.

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