¿Cómo crear un Mozart?

Revista número 77, del 20 de junio al 3 de julio de 2008, páginas 6 a 8

Rienda suelta a la inteligencia

Jessica abrió los ojos y empezó a examinar todo lo que tenía a su alrededor. Realmente no recordaba mucho; simplemente, que estaba dormida, tranquila y relajada; no sentía prisa alguna ni desesperación; todo parecía estar suspendido en el tiempo y en el espacio.

Pero ahora vivía un universo de sensaciones. Todo era nuevo para ella, y sentía una necesidad incontrolable por saber que era todo lo que veía  y percibía. Estaba experimentando su primer contacto con la vida fuera del útero materno.

Desde el día que aspiramos nuestra primer bocada de oxígeno y vamos reconociendo a todo nuestro alrededor, se nos da uno de los activos más valiosos que tenemos como especie; la capacidad de experimentar. Esa misma que está íntimamente ligada al aprendizaje humano y que debe ser usada en la crianza de cualquier persona.

La experimentación es la misma capacidad que, de forma extrasomatica, dejamos plasmada para que nuevas generaciones aprendan del pasado y puedan mejorar su futuro planeta. Somos un producto de la naturaleza y de miles de millones del continuo paso de la evolución, creados con características similares.

STUART MILL

Es por ello que estoy convencido de que en circunstancias habituales, teniendo en consideración cerebros sanos y condiciones normales de salud, un alto porcentaje de individuos son capaces de ser criados para convertirse en un Stuart Mill, que a los tres años de edad ya dominaba el griego y leía las fabulas de Esopo en su idioma original; que a los ocho años aprendió latín, el cual enseño a sus hermanos, y también aprendió la geometría euclidiana y el algebra.

Durante el crecimiento del ser humano, el cerebro va desarrollando sus circunvoluciones, y termina de hacerlo al llegar aproximadamente a los 20 años. Como nos lo explica el premio Nobel Gerald Edelman, durante la infancia, las neuronas van proliferando y formando conexiones entre axones y dendritas, y el cerebro se va quedando con aquellas conexiones que son de utilidad, en tanto que desecha o simplemente no usa aquellas que no le son útiles, todo ello en sincronía con el medio ambiente.

“DARWINISMO NEURONAL”

En todo este desarrollo, se sigue un proceso de selección natural, al que Edelman llama “Darwinismo Neuronal” dentro del cual, Edelman trabaja con una teoría llanada “Selección Grupal Neuronal”, que se sustenta en tres ejes:

a)      Durante el desarrollo de la expresión genética, toda la conectividad anatómica en el cerebro ocurre de manera selectiva, de acuerdo a cada conexión química.

b)      Realizada anatómicamente la diversidad estructural, se inicia un segundo proceso selectivo en la etapa posnatal, en relación a la fuerza con que las conexiones sinápticas se enlazan en los diferentes grupos neuronales

c)       La consistencia “espacio-temporal” entre los grupos neuronales está directamente relacionada con la continuidad de nuestras experiencias con el medio en que nos desenvolvemos.

PLASTICIDAD CEREBRAL

En conclusión, lo que quiere decir Edelman es que en nuestro cerebro ocurre la plasticidad cerebral; que, conforme vamos creciendo, las conexiones neuronales más fuertes y más útiles son las que se van quedando, y se eliminan las que no nos proporcionan ventaja comparativa como individuo, aunado a las experiencias que tenemos con el contacto del medio ambiente.

Claro que no sólo el medio ambiente influye en el desarrollo de la inteligencia de la persona; diversos estudios del doctor Terrier Moffitt y su colega Avashalom Caspi, del King´s College en Londres, han mostrado que los niños alimentados con leche materna son más inteligentes, en un promedio de 6 puntos en el IQ, sobre aquellos niños que no fueron alimentados con leche materna.

Esto se desprende del articulo “The nature of nurture” donde se liga esta situación al gen FADS2, que regula los ácidos grasos no saturados, importantes para el crecimiento de las células nerviosas, y que están presentes en la leche humana.

DIFERENCIAS CEREBRALES

Todavía en relación con la influencia del medio ambiente, y en consideración de que no todo está escrito dentro de la herencia genética, es correcto señalar que existen ciertas diferencias en los cerebros de las mujeres y los hombres; incluso, la conclusión tradicional es que los hombres son mejores para los números y las mujeres para la lectura.

Sin embargo Luigi Guiso y sus colegas, del Instituto en Florencia de la Universidad Europea, muestran que la cultura y el medio ambiente de cada individuo tienen un rol preponderante en estas diferencias.

Por ejemplo, en su artículo publicado en The Economist titulado “Education and Sex”, se muestra que la diferencia antes citada se desvanece entre niños y niñas criados en países donde el nivel cultural permite igualdad sexual; es decir, en lugares donde la mujer recibe crianza y oportunidades similares a las de los hombres, se esfuma la cualidad del hombre de sobrepasar a la mujer en los números o las matemáticas.

Pero esto no termina ahí. En países donde la mujer y el hombre son criados como iguales, la diferencia de mejor capacidad para la  lectura, que las mujeres  tienen sobre el hombre, no solo se mantuvo, si no que aumento.

Algo que debemos remarcar es lo que concluye este artículo del Economist, pues dice que las niñas han ganado superioridad en la relación con los niños, al tratarlos de igual forma y en sociedades con iguales oportunidades. Sin embargo, esto es algo que no se ha tomado en consideración.

EL ESFUERZO, COMO FUNDAMENTO

En apoyo a esto. Carol S. Dweck, en su artículo de Scientific American, de noviembre de 2007, titulado “The Secret to Raising Smart Kids”, comenta que las investigaciones sostienen que al criar un niño o una niña, el enfocarse en el esfuerzo da mejores resultados que centrarse simplemente en su inteligencia o sus habilidades. Ciertamente, todos somos únicos e irrepetibles, pero es precisamente la plasticidad cerebral y el Darwinismo Neuronal de Edelman lo que modela nuestra capacidad de absorber información e interpretarla de manera creativa para resolver un problema. Para Dweck son dos las formas en que niños y niñas adoptan el aprendizaje: están aquellos que piensan que su inteligencia es limitada, y que cuando encuentran un problema que no pueden resolver, es porque no pueden dar más; por otro lado hay niños y niñas que piensan que la inteligencia es moldeable; es decir, que ellos pueden incrementar sus capacidades y habilidades.

MAQUINA DE APRENDIZAJE

Carol  S. Dweck  menciona que tanto padres como maestros deben enseñar a sus hijos y alumnos, respectivamente, que el cerebro es una maquina de aprendizaje. La crianza de los hijos por los padres y su educación por los maestros deben centrarse en crear las opciones sociales y de aprendizaje necesarias para sacar lo mejor de cada individuo.

Por ejemplo, un examen es solamente una fotografía en el tiempo y en el espacio, pero no debe encasillar al alumno a que si en ese momento no tuvo el resultado marcado por la “sociedad”, deba repetir año o ser visto con  menor inteligencia que sus compañeros.

Cada uno de nosotros es el resultado de un código genético que nuestros padres implantaron, sumado con cada una de las experiencias que vamos absorbiendo de la vida. Desde que nacemos, cada contacto con la vida, con el mundo, con nuestros semejantes y con todos los seres vivos se va registrando en nuestro cerebro, y son las experiencias más útiles las que guardamos para aumentar nuestra supervivencia.

RETO AL CONOCIMIENTO

En nuestra educación y crianza de un Mozart, es trascendental que logremos que el individuo se cuestione el conocimiento, pues es una de las bases del aprendizaje, así como que se rete a ese conocimiento a probar su verdad. Retar el conocimiento y probarlo es la única forma de abrazarlo y hacerlo nuestro.

La psicóloga de la Universidad de Harvard, Elizabeth Spelke, en su artículo de “Big Answers  from Little People” nos habla de su teoría: “inteligencia central”. Esto significa que todos los seres humanos nacemos con los mismos activos y habilidades básicas cognitivas, con éstas tomamos conciencia y absorbemos información del mundo alrededor.

Cuando comenzamos la educación y/o crianza de un ser humano, lo más maravilloso es que ese individuo puede ser el siguiente Einstein, Bacon, Newton, Bohr, Darwin, Kepler, Freud, Faraday, Maxwell, entre otros. Todo depende de la salud mental y el correcto desarrollo de sus conexiones neuronales, pero, sobre todo, de la influencia que los padres y maestros ejerzan sobre la persona y el libre albedrio que se le delegue para que ese sujeto en cuestión elija su camino.

Creo que muchas veces vivimos nuestra educación y crianza de manera similar a lo que dice John Milton a Kevin Lomax, en la película El Abogado del Diablo… “mira, pero no toques; toca, pero no pruebes; prueba, pero no te atragantes”. Ciertamente, muchas veces tenemos que mirar, tocar probar y hasta atragantarnos en el proceso de completar nuestra educación y crianza.

Una sociedad del futuro será aquella en que los padres implanten su código genético en los hijos, con lo mejor de ellos, dejándoles la libertad necesaria para no reprimirlos, ni pasarles sus miedos; alentándolos al éxito y dándoles todo el amor posible; en que los maestros aplauden el esfuerzo y no castiguen la falla; en que los exámenes sean solo una representación de tiempo y espacio del aprendizaje, pero no un marcador confiable para catalogar la inteligencia; y en que a la vez se detecte la mejor habilidad y capacidad del niño o niña y se le cultive, así como que se ofrezcan las mismas oportunidades a hombres y mujeres en beneficio de la misma sociedad.

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