Rodrigo Soto Moreno
Eduardo sudaba profusamente y no era por el calor de la oficina, pues volteó a ver la temperatura del ambiente y estaba en 22 grados centígrados, sino que su sudor provenía de sus nervios, de su estrés; ese sentimiento se había vuelto muy amigo de él desde que había ingresado a trabajar en la compañía “ACME”, pues cada vez que no entregaba a tiempo una tarea asignada por Xavier, su jefe, reciba un fuerte regaño de su parte.
Incluso, recuerda Eduardo, un día normal era cuando Xavier le levantaba la voz diciéndole que era un inepto, un bueno para nada y que cualquier otra persona con dos dedos de frente podría realizar el trabajo que él hacía y que debería de dar gracias de que no lo despidiera inmediatamente. Además de eso, Eduardo había notado que Xavier hablaba de él con los otros gerentes de la empresa, comentándoles lo inútil que era Eduardo y que casi le estaba haciendo un favor en mantenerlo dentro de la compañía.
A pesar de los regaños, Eduardo se sentía contento con su trabajo, incluso, desde su perspectiva, él era muy competente en el puesto y dedicado para su labor. Pero le resultaba complicado satisfacer las demandas de su jefe Xavier, no por lo elaborado de la misión a realizar, sino por la presión innecesaria que recibía a menudo mientras realizada sus tareas.
Incluso en diversas ocasiones, curiosamente cuando su jefe tuvo que salir por un mes de la oficina, en una gira de trabajo para conseguir nuevos clientes, Eduardo entregó todos sus reportes antes de tiempo y mejoró sustancialmente en su eficiencia y desempeño, tanto en tiempo de entrega como en calidad de lo realizado.
Fue así que Eduardo llegó a la conclusión de que su desempeño se veía afectado directamente por las enérgicas demandas de Xavier y que cuando éste último no estaba en la oficina o no lo presionaba agresivamente, se sentía agusto. Eduardo deseaba que la situación cambiara y no tener que soportar ese maltrato psicológico de parte de Xavier.
El bullying traducido como hostigamiento u acoso, es muy conocido en la escuela, donde los niños son presa de otros compañeros que los maltratan psicológicamente, verbalmente o incluso físicamente. Situación que ha llamado la atención de diversas instancias escolares a nivel internacional y que han trabajado para que los maestros monitoreen a sus alumnos y detectar cualquier anomalía que de síntomas de este tipo de acoso u hostigamiento.
Sin embargo fue recientemente en que se le ha dado mayor importancia al mismo, pero dentro de la oficina o dentro del cubículo como lo llaman en un artículo de la revista Scientific American titulado “The Cubicle Bully” escrito por Jane N. Kim. Donde se menciona que éste daño es más frecuente y en ocasiones más dañino que el acoso sexual. El acoso laboral es conocido como “Mobbing”.
De acuerdo a un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Manitoba y de la Universidad Queens de Ontario, donde combinaron 111 casos de las dinámicas sociales dentro del trabajo, concluyeron que las personas que sufrieron acoso u hostigamiento laboral por parte de compañeros de trabajo o de sus jefes, además cuando se les compara con los casos de acoso sexual, se sintieron más enojados, mucho más estresados y fueron más propensos a renunciar a sus trabajos.
Dentro del artículo de Kim, se nos ejemplifica, que el acoso laboral, que incluye crear chismes en la oficina, así como insultar a una persona en relación a su desempeño laboral o su vida personal, es más prevalente que el acoso sexual. Además se nos dice que el Workplace Bullying Institute (WBI) señala que alrededor de un 35 a 37 por ciento de empleados de los Estados Unidos han sufrido de este hostigamiento, comparado con un 8 ó 10 por ciento que han sido víctimas de acoso sexual.
Otras estadísticas de este instituto son:
a) Aproximadamente un 35% de los trabajadores norteamericanos han sufrido acoso laboral.
b) 62% de los acosadores laborales son hombres.
c) 58% de los objetivos del hostigamiento laboral son mujeres.
d) Las mujeres que realizan acoso laboral, se enfocan en un 80% en hostigar a otras mujeres.
e) En el 2007, el bullying en el cubículo fue cuatro veces más prevalente que el acoso sexual.
f) Un 68% del acoso laboral ocurrió entre personas del mismo sexo.
Volviendo al artículo de Kim, se señala que muchos de estos casos pasan desapercibidos debido a que no existen leyes claras para castigar a los abusadores, por lo que estas situaciones son vistas como meros problemas laborales entre ciertos individuos y encerrados en un cajón para olvidarse.
Esperemos que las personas que tienen puestos directivos, gerenciales o personal a su cargo, recapaciten en el trato que dan a sus empleados y que comprendamos que el ejercer una presión excesiva en el ámbito laboral no necesariamente se aumenta el desempeño del subordinado, sino que solamente se aumenta su estrés, el miedo al trabajo, el rencor, el guardar sus emociones y si bien en algunos casos se piensa que con amedrentes y palabras altisonantes se ha en verdad logrado mejora en el trabajador, hay que analizarlo estadísticamente pues lo que podemos estar viendo es simplemente una distribución normal, donde hay porcentaje de falla, de acuerdo a un error calculado y probable y que al obtener un éxito inmediato después de un regaño fuerte es producto estadístico de que ante varias fallas vendrá por default un acierto, no siendo producto del ataque verbal y psicológico del jefe, sino viene debido a un patrón matemático.
Tampoco se trata de hacer un mártir al trabajador o subordinado, sino hacer reflexionar a los jefes en cuanto a la posición de poder que tienen y que lo ejerzan con sabiduría y en beneficio, tanto de ellos mismos, como de las personas que dirigen y que recuerden que un trabajador satisfecho es alguien que vitaliza a la empresa, buscando mejorar su desempeño, tanto para su beneficio, como para el de su jefe y por ende el de toda la organización.
Por último, tal vez, se puede uno refugiar en los escritos de Maquiavelo para responder esta cuestión de relación laboral, en cuanto a ser “amado” u “odiado” por un trabajador o subordinado, pero aún a sabiendas de que Maquiavelo recomnedó ser ambas cosas (amado y odiado), enfatiza que sino se pueden ambas, entonces es mejor ser temido. Pero, en mi particular opinión, es mejor ser amado, pues aquellos que nos aman nos siguen y nos son leales, valor que es escaso y muy requerido en la actualidad, además de que cuando se consigue alguien que nos ame, también se consigue un amigo, caso contrario del que nos teme.

