Rodrigo Soto Moreno
Es increíble la cantidad de metales que usamos en diversos dispositivos en nuestra vida diaria, como nos lo señala un artículo en The Economist titulado “Rocks on the menu”, pues por ejemplo los celulares y las computadoras usan cobre para el cableado, así como cobalto, litio, níquel, germanio, platino y tántalo para diversos componentes.
Sin embargo con el alza de los precios en los metales y la baja producción en el mercado Chino, que según el artículo mencionado, cuenta con el 97% del mercado de los metales raros, han impulsado a que se busquen otras vías de abastecimiento.
Uno de los grandes problemas dentro de la minería, es por obvias razones, la extracción de los minerales, en este caso los metales. Debido a lo anterior, las compañías mineras están explorando la posibilidad de usar bacterias que comen rocas, con el fin de que ellas extraigan los metales en depósitos de menas de bajo grado, así como en residuos de minería o de los efluentes industriales.
Este proceso se llama “bioleaching”, que de acuerdo a Wikipedia, se refiere a la extracción de metales específicos de sus menas (tipo de roca que contiene minerales con importantes elementos, incluidos los metales), usando animales vivos, en este caso las bacterias.
Volviendo al artículo “Rock son the menu”, algunos ejemplos de estas bacterias son la Acidithiobacillus y la Leptospirillum, que son organismos que en su forma natural viven en ambientes ácidos y repugnantes. Obteniendo su energía por medio de las reacciones químicas con los sulfuros y que así pueden acelerar la separación de los minerales.
Sin embargo, se nos dice, que este tipo de biotecnología tiene ventajas y desventajas, pues es un proceso muy lento y las compañías mineras requieren de resultados más veloces por la voraz demanda del mercado. Aunque como ventaja se tiene que este proceso es muy limpio en comparación con los métodos tradicionales.
Como ejemplo de uso del bioleaching tenemos el caso de la recuperación de oro en menas que son difíciles de descomponer en elementos usando el tratamiento convencional de calentamiento, que se llama “tostado” (roasting). El proceso se lleva a cabo en tanques (bioreactores), donde se introduce a las bacterias, a las rocas en cuestión y en ocasiones ácido sulfúrico diluido, dependiendo del proceso y resultado que se espera.
La existencia de esta biotecnología se ha puesto en práctica dentro de Finlandia, en la región de Talviaara, donde un proyecto de investigación denominado BioShale, ha podido demostrar que se estas bacterias pueden recuperar selenio, cobre, plomo, zinc, cobalto, níquel, oro, platino, paladio, uranio, entre otros, de la zona europea conocida como “black shale”.
De ese proyecto se han obtenido 10,000 toneladas de níquel, 25,000 toneladas de zinc y se planea entregar 1,800 toneladas de cobalto y 15,000 toneladas de cobre para el 2012. También se comenzó, según el artículo mencionado, que desde 2010 se ha extraído uranio y se espera estar produciendo alrededor de 350 toneladas anuales.
Esperemos que este tipo de estudios continúe y siga produciendo beneficios, sobre todo para el medio ambiente.
