El caos y el orden en las ideas

Rodrigo Soto Moreno

creativeidea

Al abrir el libro “Where good ideas come from” de Steven Johnson, nos encontramos un texto muy interesante y parafraseando el mismo tenemos lo dicho por William Shakespeare, en su obra “El sueño de una noche de verano”, y reza así: la imaginación fluye, formándose cosas desconocidas y es entonces tarea del poeta, el darle forma y ponerle al aire de bits y bytes de información, una habitación local y un nombre.

Derivado de lo anterior, Steven Johnson, señala que el poeta y el ingeniero parecen distantes a millones de kilómetros, pero convergen cuando traen nuevas ideas al mundo, con patrones similares de desarrollo y colaboración. Es decir la realzada disimilitud entre poetas e ingenieros, se hace símil cuando ambos utilizan su tasa de disparos neuronales para darle forma a ese viento caótico, y a veces ordenado, de información y como dice el mencionado dramaturgo y poeta inglés, ponerle una habitación local y un nombre, o sencillamente dilucidarlo como una idea y si se puede agregarle: creativa.

En este contexto, el punto descansa en que las ideas constantemente surgen o brotan dentro de nuestro cerebro, en donde la comunicación entre las aproximadamente 100 mil millones de neuronas, con 100 millones de millones de conexiones, de acuerdo a datos de Carl Zimmer, son capaces de almacenar 3.5 petabytes (de acuerdo a Wikipedia: un petabyte es una unidad de almacenamiento de información cuyo símbolo es el PB, y equivale a = 1.000.000.000.000.000 de bytes) y realizar operaciones a una tasa de 2.2 mil millones de megaflops (1 megaflop equivale a 1 millón de operaciones por segundo), de acuerdo a datos de Mark Fischetti, en donde esta caja de procesamiento neuronal solamente consume alrededor de 20 watts.

Dentro de este sentido el surgimiento de ideas, como lo dice Steven Johnson, se encuentra supeditado entre períodos de sincronía, así como momentos de caos eléctrico. Es decir constantemente estamos trabajando entre un aparente orden y un caos manifiesto. Pero para comprender mejor todo esto, me gustaría compartir lo encontrado por el neurocientífico, Robert Thatcher, quien en un estudio realizado en docenas de niños, para determinar la vacilación entre una fase rítmica y ordenada y otra de ruido y desordenada; encontró que en esos cerebros jóvenes, los períodos de ruido, duraban alrededor de 55 milisegundos, aunque algunos se acercaban a los 60 milisegundos, y al terminar volver al período de sincronía cerebral estable y ordenada.

Sin embargo lo interesante, como lo dice Johnson, es que cuando Thatcher comparó el cociente intelectual (IQ) de esos niños con los períodos de ruido o inestables de sus cerebros, pudo determinar que cada milisegundo extra en esa fase de caótica, añadía tanto como 20 puntos al IQ de esa persona en particular. Es así que la investigación de Thatcher sugiere que mientras más desorganizado es un cerebro, más inteligentes podemos ser. Desde el punto de vista de Johnson, esos períodos de caos eléctrico, ayudan a que nuestro cerebro pueda experimentar con nuevas conexiones entre las neuronas, además de que es ahí donde podemos asimilar nueva información y explorar estrategias para responder a situaciones cambiantes. Por otro lado, la fase estable y ordenada está relacionada a la respuesta del cerebro cuando trabaja con el plan establecido, la costumbre o el hábito.

Concluyendo este breve escrito, nuestro cerebro se encuentra constantemente brincando entre períodos de orden y caos, donde el primero es utilizado para lidiar con los planes tradicionales, rutinarios, costumbristas o habituales; y el segundo nos ayuda a formar nuevas conexiones para asimilar información reciente y poder así adaptarnos al medio que nos rodea, así como afrontar los obstáculos que se nos presenten. De estas investigaciones, tal vez en un futuro, se pueda entonces explicar el porqué de pronto nos surge una idea, aparentemente de la nada, y cambiamos nuestro curso de acción, en un vaivén entre sintonía y sincronía versus ruido caótico. Pero al final el objetivo, desde mi perspectiva, es mantenernos alerta al brote desordenado de ideas y aferrarnos a aquella que prometa ser disruptiva, creativa y con posibilidades de ser abrazada por el mercado y darle entonces oportunidad de sembrarse en nuestra mente.

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