Economía de compadrazgo o “Apellidocracia”

Rodrigo Soto Moreno

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En cierta ocasión mi hermano, Jorge, me platicó sobre una conversación que tuvo con un exfuncionario del gobierno estadounidense, quien le dijo que salió de trabajar del medio público e inició una empresa privada porque necesitaba hacer dinero para cubrir las colegiaturas de sus hijos.

Lo anterior contrasta fuertemente con el pensamiento tradicional en el país; por ello es importante eliminar de la mente de los jóvenes que el gobierno sea su principal opción de empleo y, si fuese así, solamente se justifica si en verdad se piensa en darle algo valioso y productivo a la patria, sobre los beneficios personales o de índole política y partidista.

En este contexto, me refiero a lo que hemos denominado como “apellidocracia”, siendo la misma el favoritismo laboral a familiares, amigos, conocidos, compadres, entre otros, dentro del mundo académico, empresarial, gubernamental y todo lo referente al mercado público y privado. Además, también lo asociamos directamente cuando le damos tareas de “gigantes” a “enanos”, por decirlo de cierta forma. Aquí englobamos al tradicional nepotismo y la falta de tener una meritocracia, en donde a cada quien se le da la oportunidad de acuerdo a sus méritos y no en relación a su apellido o compadrazgo.

Aunado a esto, tenemos una reciente editorial en The Economist, titulada: “The new age of crony capitalism”, en donde se habla de la búsqueda de rentas (rent seeking), explicada por los economistas como aquella forma de hacer dinero gracias a las conexiones políticas de cierto individuo, empresa u organización. Lo anterior va desde la falta de competencia, poca o nula regulación, y la transferencia de activos públicos a empresas a precios irrisorios o como gangas.

Continúa The Economist diciendo que muchos magnates han sido acusados por buscar este tipo de rentas, tomando una mayor porción del “pastel” económico, en lugar de hacer más grande el mismo. En términos técnicos, de acuerdo a The Economist, una renta económica es la diferencia de lo que se le paga a cierta persona u organización y lo que se debería pagar por su trabajo, capital y tierra (o cualquier otra materia prima para producir) para permanecer en uso actual.

Dentro de este tenor, tenemos el denominado índice de capitalismo clientelista, en The Economist, y México ocupa el lugar 7, saliendo mal parado dentro de esta relación estrecha entre empresarios y funcionarios de gobierno; versus Alemania que se encuentra en la posición 23. Cabe mencionar que aquellos países que salen bien calificados en este índice, generalmente cuentan con mejores burocracias e instituciones.

En este sentido, sueño en un futuro no muy lejano, donde los mexicanos adoptemos cierta filosofía, al estilo de Ayn Rand, en donde el concepto del hombre sea el de un ser heróico, con su propia felicidad como propósito moral de su vida, sin lesionar a otros, aunado a sus logros productivos como su actividad más noble y contando con la razón como su columna vertebral encaminada al progreso personal y posteriormente el general de una comunidad, para no solamente abollar, sino eliminar la corona de la “apellidocracia” y la del compadrazgo. Recordando que el cambio no siempre viene de grandes estrategias, sino de pequeños esfuerzos, iterando para que se copien y repliquen.

 

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